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¿Y tú en qué grupo quieres estar?

No perdáis la oportunidad de leerlo, ¡verdades como puños!

Aunque a veces lo parezca, no sólo Steve Jobs consiguió cosas extraordinarias en la vida. Mucha, muchísima gente anónima logra grandes cosas, alcanza sus objetivos con creces, están cambiando el mundo. El resto pensamos: “buáh, es que son de familia bien/están forrados/tienen padrino o simplemente tienen suerte en todo”.

El resto queremos pensar que la razón por la que nosotros no somos ellos es por algo ajeno a nosotros, que no es nuestra culpa ni tenemos posibilidad de cambiar.

Si estás pensando: “otra que me va a decir que si lo puedo soñar, lo puedo hacer”, olvídate, de hecho lo que te voy a decir es: es posible que tú no tengas lo que hay que tener para lograrlo. Te voy a decir que los Reyes son los padres y que no todos logramos un final feliz.
Pero ojo: si el “buenrolllismopositivoHelloKittyynubecitasdealgodón” que tanto se estila ahora y pedirle al universo que te toque la lotería porque tú lo vales y todo lo que deseas en la vida tienes derecho a que te caiga del cielo multiplicado por tres y con un lazo rojo te funciona, entonces no sigas leyendo o prepárate para unfollowearme cuando acabes porque hoy puede que la herida escueza un poco. Claro que si aguantas como un valiente, ayudará a que se cure. El que avisa no es traidor.
Generalizando todos caemos aproximadamente en uno de estos dos grupos:

Grupo 1 – Los exitosos

Un primer grupo de personas en las que se unen todos los ingredientes necesarios para lograr el éxito -éxito como sentimiento de satisfacción con lo que has logrado en tu vida profesional y de las decisiones que has tomado-: gente que tiene talento, coraje y empuje; gente que identifica sus fortalezas y lo que quieren de la vida. Gente de buen corazón, con simpatía, determinación, facilidad de comunicación y de relación. Gente con seguridad, capacidad de trabajo y sobre todo de no darse por vencido. No salen en las noticias, ni ganan premios, pero son personas que se mueven, que prueban, que mueven a otros, que inspiran… que logran lo que buscan.
Seguro que tú tienes alguien así cerca, porque (again) no hablo de SteveJobs. Son gente normal que logra cosas no normales.

Grupo 2 – Los no exitosos

Y luego está un segundo grupo de gente, que cuenta con gran parte de lo que se necesita para lograr tener éxito -el grupo masivo, en el que andamos casi todos los demás. Gente (a quien no le falta) con talento, con capacidades, algunas incluso muy especiales y muy por encima de la media. Gente también con la simpatía, el buen corazón, incluso la capacidad de trabajo y a menudo el perfeccionismo. Gente que a priori tienen lo más importante: una buena e incluso buenísima materia prima con la que trabajar, pero que pasarán toda la vida insatisfechos, incompletos, sin llegar a lograr nada demasiado especial. Sin lograr el éxito – como sea que ellos lo definen.
¿Por qué? ¿Si tengo la misma buena materia prima que el primer grupo, por qué ellos sí y yo no?
Si quieres tratar de averiguar qué te diferencia y eres capaz de ser honesto contigo mismo, déjame que te proponga algunas razones por las que tú no y ellos sí. Fíjate si te sientes identificado con alguna, que puede ser lo que te está separando de formar parte del primer grupo:

Razón 1: La vida ha sido injusta conmigo

La vida no me ha dado todo lo que merezco. Si hubiera tenido las cosas que me faltan, que me quitaron o no me llegaron; si hubiera recibido apoyo, dinero, o ayuda que no recibí, todo sería mejor. Y mañana volverá a salir el sol y seguiré sufriendo por lo que no tengo. Y pasado.
Y termina pasado toda la vida… y sigo en el mismo sitio: lamentándome en silencio (o no) por lo que nunca tuve y la gran injusticia que ha sufrido.

Razón 2. Soy bastante huevón perezoso

No se lo reconocería ni a mi almohada, pero levantar el teléfono y hacer esa llamada incómoda se me hace un mundo y pueden pasar meses, esperando que a lo mejor con el tiempo el problema desaparece…
Quedar con gente del sector que “ni fú ni fá” (y encima me pierdo “Cuéntame” con lo trepidantemente interesante que está. O El Tiempo entre Costuras. O Masterchef. O (wait for it): un partido de fútbol de la liga taiwanesa, que es para morir de la adrenalina), es como si me clavaran astillas en los ojos. Es que me emperezo y al final no hay quien me mueva…

Razón 3. El cambio es el demonio

Aunque quiero aparentar ser un tipo flexible, la realidad es que me agarro como avutarda a su presa a mi zona de confort. “¿Confort? ¡Pero si de confortable no tiene nada mi vida!” dices. Es que aquí confort no es sinónimo de confortable sino de conocido, de “incorporado a mi rutina aunque me joda cada día”. Aguantar en una empresa que me espanta, que no encaja ni por asomo con mis valores, con un jefe a quien desprecio, haciendo un trabajo que odio, eso es zona de confort.
“Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” es mi lema.

Razón 4. No es el momento de arriesgar/decidir/probar/cambiar

Es muy fácil para los demás, porque no tienen mis responsabilidades, o porque tienen experiencia, o porque son jóvenes. Pero para mí no. Lo mío es peor. Mi vida es más complicada. Ellos seguro que tienen menos que perder, seguro que lo tienen más fácil, que están más preparados. Yo todavía no. Yo cuando sea verano. Cuando esté más en forma. Cuando acabe esto. Cuando…

Razón 5. Ya lo intenté y fallé

“Ya te lo dije” fue la frase del mes. Es que no tenía que haberme arriesgado, no tenía que haberme metido en esto, ya me lo dijo mi madre. Cuando no salen las cosas a la primera, será por algo. Mejor no seguir intentando, no vuelvo a tratar de hacer algo en lo que pueda fallar.
Además decepcionar a mi gente, encima van a pensar que soy tonto o que no soy capaz, ¡qué va!, ahora que lo intente otro.

Razón 6. Es que no sé

O no sé si sé o no sé. ¿Para qué valgo? me pregunto y me pregunto. ¿Quién soy? ¿hacia dónde voy? ¿de dónde vengo? ¿hacer otro máster? ¿se me dará mejor otra cosa? ¿cómo lo hago? ¿seguir trabajando en lo que he estudiado? ¿cambiar? ¿mejor otra cosa? ¿será peor a lo que me cambie? Es que no sé. Es que no sé si quiero saber. Mejor sigo dándole vueltas, y mientras tanto sigo haciéndolo todo igual…

Razón 7. No sé si tengo algo especial

De hecho, no soy especial. No sé hacer nada especial. No sé qué se me da bien. Nunca me han dicho que sea gran cosa luego, no soy gran cosa. Todo el mundo es mejor que yo. Es normal que “ellos” hagan cosas chulas, importantes, y no yo. A veces pienso que me gustaría hacer “algo” pero me lo quito de la cabeza porque me veo incapaz, yo no sé, yo no valgo, yo no puedo.

Razón 8. Que venga otro y me lo arregle

Que arregle esto el Gobierno. O el ayuntamiento. O los sindicatos. O mis padres. O el Universo. Que venga alguien y me solucione esta papeleta. Tengo derecho a que me solucionen esto. Para eso he estudiado tanto, para eso pago mis impuestos y un 21% de IVA religiosamente. Me lo deben. Yo he cumplido con lo que correspondía, ahora les toca a ellos hacer algo: darme una oportunidad, facilitarme las cosas. Con la de gente que está chupando del bote, ¿por qué a mí nada? ¿cuándo a mí?
Caray.


¿Es que la gente del primer grupo no falla? ¿Crees que no pierden la confianza en sí mismos? ¿Que no piensan alguna (muchas) veces que preferirían que las cosas fueran de otra manera? ¿Crees que lo tienen todo a favor, que no tienen que arriesgar, que no tienen mucho que perder?


En realidad son iguales que los demás! Personas que han tenido que superar durísimas barreras y vencer muchas batallas, que se han caído, que han dudado mil veces, que tienen que vivir con circunstancias muy duras.
La diferencia es que esa gente se niega a sentirse víctima, no pierde el tiempo con el “por qué a mí”, no se focaliza en lo que les falta sino en lo que sí tienen. Es gente que acepta y provoca cambios con naturalidad, no dedica el tiempo a lamentarse por las cosas que están fuera de su control sino que buscan donde sí pueden influir; son gente que decide, que arriesga (¿qué es lo peor que puede pasar?), gente que no se da por vencida. Que buscan un camino y después otro. Que conectan con los demás. Que ayudan y se dejan ayudar. Son gente que se centra en el futuro y no en el pasado.
Gente que sabe que no es el final hasta que no te das por vencido. Los del segundo grupo nos hemos dado por vencidos a menudo antes incluso de empezar.

Haz lo que quieres hacer antes de que se convierta en lo que te gustaría haber hecho.

Fuente: zumodeempleo.com

 

Publicado por: Alex el jueves 30 de enero de 2014



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