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Universitarios de por vida

La vertiginosa velocidad con la que cambia el mundo actual obliga a los profesionales a un continuo proceso de reciclaje para no perder atractivo en el mercado laboral. Si miramos 40 años atrás, vemos que prácticamente todas las profesiones han cambiado, en gran parte por la tecnología, pero es que dentro de otros 40 años tampoco se parecerán en nada.

La predicción que hace Juan Ramón Velasco, vicerrector de Postgrado y Formación Permanente de la Universidad de Alcalá (UAH), tiene una enorme carga de profundidad para los sistemas de educación superior.

En la actual sociedad del conocimiento, los estudios de grado se han quedado como el comienzo de un aprendizaje que se extiende a lo largo de la vida (Life Long Learning) y en el que los profesionales deben adquirir competencias y habilidades ajustados a la revolución tecnológica y a la metamorfosis de un mercado laboral que deja escaso margen para el conformismo.

Así, la formación permanente se ha hecho condición necesaria para mantener el pulso a lo largo de la carrera profesional y reducir el riesgo de quedar excluido del mercado laboral. Lo que podría parecer una fiebre de titulitis, presenta síntomas generales en las posibilidades de ascender en la escala laboral con un mejor salario, como muestran diferentes informes de manera sistemática. No es una garantía, pero ayuda.

La vasta oferta disponible y la gran variedad de programas, centros y modalidades hacen muy difícil evaluar el alcance de la formación continua en España, pero hay una serie de indicadores que sugieren un crecimiento exponencial. Por ejemplo, que el número de estudiantes de máster en las universidades españolas haya registrado un aumento del 742% entre los años 2007 y 2015 (muy marcados por la crisis), con tasas de variación estratosféricas desde el grupo de los menores de 25 años, que creció un 1.177%, hasta el de mayores de 40, que subió más de un 800%, según cifras del Ministerio de Educación.
Títulos propios

Las universidades han hecho una firme apuesta por los estudios de posgrado, que en número superan de lejos a los de grado, con títulos oficiales y propios que tratan de atraer estudiantes y facilitar su acceso con programas innovadores y modulables. «Incluso se pueden cursar asignaturas sueltas de máster que interesan a los alumnos y que luego pueden convalidar si en un futuro quieren completar los estudios», explica el vicerrector de la UAH, también presidente de la Red Universitaria de Estudios de Postgrado y Educación Permanente (Ruepep).

Así que, con sus limitaciones, la Universidad intenta estar al día de las nuevas demandas. «Prácticamente todos los meses aprobamos estudios propios nuevos», explica el vicerrector de la UAH, quien recuerda que, además de los centros adscritos, trabajan con entidades colaboradoras que les permiten ampliar y agilizar la oferta formativa. Las empresas, además, confían y cuentan con las instituciones académicas para que avalen y apoyen sus formaciones internas. «Incorporamos profesores, seguimos un sistema de garantía de calidad, matriculamos a sus estudiantes como si fueran de la universidad y les damos un título que tiene un valor adicional para el empleado y supone un plus a la formación que se les ofrece en la empresa», precisa Juan Ramón Velasco.

La formación ha entrado a formar parte natural del proyecto de vida personal y profesional. Si tuviéramos que definir una posible hoja de ruta a seguir por los universitarios en este largo camino del aprendizaje, la primera parada al terminar el grado sería cursar un máster de especialización antes de la incorporación al mercado laboral.

«Con la madurez y experiencia alcanzada después de unos años de trabajo, se podría valorar la posibilidad de hacer un máster profesional y, a partir de ahí, cursos de reciclaje o programas de directivos, sin olvidar la digitalización y los idiomas», señala Silvia Rull, directora asociada del Executive MBA de ESADE Business School.

Recuerda, en este sentido, que «la escuela y la Universidad sirven en una etapa inicial, pero después hay que formarse para conseguir una especialización y adaptarse a las nuevas tendencias», del mismo modo que «si quieres destacar y tener una carrera existosa debes prepararte y actualizar tus conocimientos, habilidades y aptitudes», una misión que requeriría una dedicación media de dos o tres horas semanales.

Habilidades interpersonales, de comunicación, creatividad, productividad y sociales son las que marcan la diferencia y las más codiciadas no sólo por los profesionales sino también por las empresas, sugiere Silvia Rull, directora asociada del Executive MBA de ESADE Business School.

Precisamente, un 65% de los más de mil profesionales encuestados en un estudio elaborado por la plataforma de formación online Udemy considera que existe un déficit de capacidades en el mercado laboral, y los más preocupados por esta brecha son los de la llamada Generación X, de 36 a 52 años.

«Nuestros estudiantes se dan cuenta de que contar con un título o diploma cada vez tiene un menor valor si no se disponen de las habilidades necesarias para poner los conocimientos en práctica día a día», apunta Alfredo Stockder, director internacional de Márketing y Operaciones. Más de la mitad de sus 17 millones de estudiantes repartidos en 190 países realizan un curso especialmente para su desarrollo profesional, y algunos de los programas más populares tienen marcado carácter tecnológico e incluyen desarrollo web, ciencia de datos o márketing digital.

La formación online ha sido uno de los grandes aliados del aprendizaje a lo largo de la vida, como prueba el progresivo incremento de la oferta de programas a distancia y del número de entidades con actividad en este sector: 550 al cierre de 2016, de las cuales unas 150 eran universidades y escuelas de negocios y las 400 restantes, consultoras especializadas en formación para empresas, compañías especializadas en la organización y gestión de programas de formación bonificada y subvencionada y centros formativos especializados en formación no reglada, de acuerdo con el Observatorio DBK Informa. El valor de mercado de este entramado alcanzó los 1.300 millones de euros, ingresos que en un 25% correspondieron a cursos de grado, un 20% a los de posgrado y el 55% restante, a otros cursos.

En este contexto, destaca también la evolución de los cursos abiertos en línea, los llamados MOOC, otra punta de lanza de la formación permanente y otra de las apuestas de las instituciones académicas. La plataforma iberoamericana Miríada X cuenta en la actualidad con más de cuatro millones de alumnos registrados en más de 500 cursos de 27 especialidades y 95 universidades e instituciones.

Durante 2016, según los datos de esta iniciativa de Telefónica Educación Digital, se incorporaron más de 23.000 nuevos estudiantes cada semana. La media de alumnos por curso se sitúa en torno a los 5.000 y alguno de ellos alcanzan los 30.000. Seis de cada diez tienen entre 25 y 44 años, con un perfil mayoritario de personas con educación superior que buscan nuevos conocimientos para su mejora profesional y para ser más competitivos.

Publicado por: Alex el viernes 01 de diciembre de 2017



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