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Llega el bombardeo de protones que cura los tumores escondidos

Un tumor cerebral obligó a Arantza a hacer las maletas y recorrer más de 2.000 kilómetros hasta Alemania para que su pequeño Diego pudiera recibir la generación más avanzada de radioterapia. El niño sólo tenía dos años y los médicos lo vieron claro. Debían descartar la radiación convencional y apostar por una modalidad muy prometedora que en España aterrizará a finales de 2019: la protonterapia.

La misma prescripción le hicieron a Fermín, un hombre de 49 años con un tumor en la base del cráneo. No le quedó más remedio que viajar a Pavía (Italia) para acceder a la que era ya la única vía posible de tratamiento.

Gracias a la radiación con protones, la incidencia de segundos tumores en niños como Diego puede reducirse hasta en un 30%. Al entrar en el cuerpo, argumenta Carlos Ferrer, presidente de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR), «estas partículas prácticamente no liberan radiación hasta llegar a la lesión». Allí descargan toda su energía concentrada con la misión de matar el máximo número de células malignas sin lesionar tejidos circundantes. Por eso, los médicos la definen ya como «la radiación del futuro en pleno siglo XXI».

Me fui el 15 de marzo de 2017 (el día de mi cumpleaños) a un centro de Pavía (Italia), sin saber a qué me enfrentaba, y allí pasé dos meses y medio. Hoy, estoy estable y el tumor se ha reducido

Al no 'tocar' zonas sanas, se previenen secuelas como "disminución de la función neurocognitiva, alteraciones en el crecimiento, en la capacidad motora o formas graves de cardiopatías precoces", explica Felipe Calvo, especialista en Oncología Radioterápica de la Clínica Universidad de Navarra (CUN).

Una virguería tecnológica que está logrando reducir el raro tumor (cordoma) de Fermín. Según su oncóloga radioterápica, María José Ortiz Gordillo, "se encontraba en un lugar de difícil acceso. Su extirpación completa era complicada porque al estar rodeado de estructuras vitales, podía causar su muerte". No se podía emplear cirugía y tampoco los fotones de la radioterapia clásica. "Las dosis necesarias para ser eficaces estarían muy por encima de las seguras y esto podría provocar daños irreparables como problemas visuales, trastornos en la capacidad intelectual y del comportamiento, alteraciones en el lenguaje y la memoria, en la capacidad para deglutir o cerrar los ojos, entre otros". Por estas razones, el equipo médico del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla optó por derivarle a un centro situado en Pavía (Italia) donde sí se aplicaba protonterapia. Su menor toxicidad permite aumentar la dosis en el tumor cuando es necesario, consiguiendo así un mayor control local de la enfermedad, sin dañar tejidos sanos.

"Me fui el 15 de marzo de 2017, el día de mi cumpleaños, sin saber a qué me enfrentaba, y allí pasé dos meses y medio", comenta Fermín. El plan establecido incluía 35 sesiones y según apunta su médico, "estamos comprobando en las resonancias de control que le hacemos periódicamente que el volumen del tumor cada vez es menor y el paciente está estabilizado". Como el efecto no es inmediato y pasan meses hasta que algunas células mueren, "aún puede esperarse mayor regresión en el tumor de Fermín", aclara la especialista.

Las expectativas apuntan alto. Ortiz Gordillo recuerda otro paciente que también tenía un cordoma. Tenía ocho años. "Estuvo en coma tres meses. No había esperanzas. Le derivamos a París y tras el tratamiento con protonterapia, hoy está libre de la enfermedad". También lo está Ashya King, un niño británico que saltó a los medios de comunicación en 2014. Lejos de las acusaciones de secuestro por sacarle del hospital donde estaba ingresado pendiente de recibir radiación convencional, la intención de sus padres era viajar a Praga para poder proporcionarle radiación a base de protones.

Su confianza en la protonterapia era máxima. El éxito de este tratamiento tiene una razón de ser. Sus partículas son bastante más pesadas que los fotones de la radiación clásica, por lo que se pueden dirigir mucho mejor y no sufren alteraciones en su trayectoria. "Podemos parar la radiación allí donde queremos y esculpir sobre todo los tumores que están cerca de estructuras u órganos muy sensibles a la radiación. Por ejemplo: nervios ópticos, cerebro, médula espinal, riñones, especialmente en pacientes pediátricos, cuyos órganos están en desarrollo y son aún más sensibles", expone el radiooncólogo Raimon Miralbell.

Publicado por: Alex el jueves 27 de diciembre de 2018



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