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La mayor parte de la población no sabrá lo que es el trabajo

En 1930, el economista británico John Maynard Keynes pronunció en Madrid su célebre conferencia "Las posibilidades económicas de nuestros nietos", augurando que la jornada laboral futura se reduciría a quince horas semanales ante el avance de la tecnología.

"Ten cuidado, podrías conseguir lo que deseas" cantaba David Byrne con Talking Heads. Casi noventa años después de que Keynes lanzara este pronóstico en Madrid, el editor del "The Economist" y periodista económico, Ryan Avent, presenta su libro "La riqueza de los humanos" (Editorial Ariel) y advierte de los peligros (y oportunidades) de que la tecnología reduzca la jornada laboral, por la sustitución masiva de puestos de trabajo por robots.

Las máquinas cada vez actúan más como humanos y viceversa. Sin ir más lejos, salvo alguna errata eventual, las anteriores líneas podrían haber sido redactadas por un programa informático: el periódico "Los Angeles Times" ya utiliza una aplicación para redactar pequeños artículos sobre terremotos en la zona. La OCDE calcula que dos millones de empleos en España están amenazados por robots. "La mayor parte de las personas en cincuenta años no trabajarán", defiende Avent en una entrevista en el Espacio Fundación Telefónica, para advertir de las consecuencias que ello puede tener en un aumento de la desigualdad entre una elite de trabajadores altamente remunerados y el resto de la sociedad, lo que alienta el surgimiento de populismos. "La redistribución de la riqueza será la parte más ardua del nuevo sistema", avisa.

¿Qué puestos van a desaparecer? ¿Dónde debemos buscar trabajo?

Los robots se encargarán de los trabajos más rutinarios. Pero lo que es interesante es que cada vez más empleos son "rutinarios": desde conducir coches al reconocimiento de imágenes o sonidos. La robótica avanza a una velocidad tan grande que va a permitir reemplazar cada vez más trabajadores en todos los sectores. La tecnología seguirá beneficiando a los más cualificados. Pero en diez y veinte años será menos predecible porque la inteligencia de los robots será más poderosa y menos trabajos están seguros. Puede que los robots desarrollen técnicas conversacionales y sean capaces de identificar patrones en ciertas conversaciones y sustituyan a terapeutas, o contables.

¿Cree que la mayor parte de la gente será desempleada en 50 años?

Es posible. Un estudio de la universidad de Oxford dice que un 47% de los empleos serán desempeñados por robots en unas décadas. La mejor forma de adaptarse a la robotización es facilitar el trabajar menos horas

¿Qué le parece la propuesta de Bill Gates o la Eurocámara de que los robots coticen o paguen impuestos?

Es positivo porque la gente se está dando cuenta de que la robotización tiene un cariz negativo. Pero no creo que este sea el enfoque correcto, porque no queremos desincentivar la robotización. Con impuestos a los robots se puede frenar la simple modernización tecnológica que no implique la destrucción de puestos de trabajo. Los políticos se deben preguntar: ¿quién recibe más beneficios y cómo podemos ayudar a redistribuir esta riqueza de la forma más justa sin que perjudique a la inversión y al crecimiento económico?

¿Cuál será el rol del Estado del Bienestar en este nuevo orden?

Cada vez tendrá más importancia para repartir la riqueza. El gran debate que debemos afrontar es qué forma adoptará esta redistribución y cómo podemos negociar el contrato social. Porque es posible que estemos en un mundo en el que haya gente que nunca sepa lo que es trabajar y haya otra parte de la población que lo haga para beneficio del resto. Esto puede parecer injusto. Para hacer que este sistema funcione tenemos que cambiar el rol del Estado y cómo lo pensamos. A largo plazo, dependeremos cada vez más del Estado y menos de nuestro trabajo para tener ingresos. Bastantes factores herederos de la Revolución Industrial cambiarán: es posible que veamos una disrupción radical del Estado nación y de las fronteras políticas. La Revolución Industrial supuso un cambio profundo en nuestras sociedades que provocó respuestas que ni imaginábamos: impuestos más altos de lo que había, un Estado regulador... Ahora ocurre algo parecido, hay un cambio tecnológico tan abrupto que debemos cambiar la forma en que pensamos ciertos conceptos básicos de nuestra organización social.

En un mundo con escasez de trabajo, ¿cree que se generalizarán las rentas básicas?

–Sí, porque aumentar los salarios mínimos incentivará contratar a robots en lugar de a personas. Lo lógico por tanto es que en el futuro haya soluciones parecidas a rentas básicas. Pero para llegar a ese punto debemos cambiar la forma de pensar quién merece algo o quién debe pagarlo.

¿Aumentará la desigualdad entre regiones ricas y pobres?

–Sí, la robotización perjudicará más a los países en desarrollo. En los últimos años la tecnología ha sido positiva para los países emergentes: les ha permitido crecer muy rápido y expandir la globalización. Pero la robotización hará menos rentable para las empresas trasladarse a economías en desarrollo porque los robots abaratarán los costes. En los últimos quince años ha habido un aumento del desarrollo en estos países, mientras en los países desarrollados se estancaba el empleo o se perdía, en parte por la robotización al estar más industrializados. Ahora esto se detendrá. ¿Cuáles serán los efectos? Más inmigración a los países desarrollados.

Desde este enfoque, si la robotización provoca más inmigración y más paro...¿no es el caldo de cultivo perfecto para el populismo? ¿Cómo se puede prevenir?

Sí, las amenazas contra la democracia cada vez tienen más poder. La cuestión es cómo construir soluciones que ayuden a la población a superar los cambios y adaptarse a ellos. Eso se logra con más igualdad, esfuerzos para no perder poder adquisitivo y mejorar la calidad del empleo. Al mismo tiempo ello también puede hacer que la población prefiera cerrar sus fronteras. Por ejemplo, si en Europa se aprueba una renta básica, los ciudadanos podrían aumentar su apoyo a cerrar las fronteras para evitar que otros se beneficien de ello. Es por esto que debemos cambiar la forma de pensar, y entender que la gente de países en desarrollo merecen más de lo que tienen. Tenemos la responsabilidad de compartir la riqueza que proporcionan las nuevas tecnologías, a través de inmigración o de ayuda a terceros países. Si no lo hacemos, tendremos una crisis humanitaria enorme.

Publicado por: Alex el lunes 10 de abril de 2017



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