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¿Estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades?

La reacción espontánea ante el último informe del Banco de España ha sido indignarse cuando nos dicen que estamos gastando demasiado. Perdón: que los pobres están gastando demasiado. Pero la letra pequeña debajo del eslogan contiene mensajes aún más envenenados.

España se encuentra en su nivel más bajo de ahorro nunca registrado (solo 4,9 euros de cada 100 ingresados terminan debajo de la almohada) y las rentas más bajas están financiando gran parte de este consumo a través del crédito. Es decir, gastamos casi todo lo que ingresamos, y un poco más.

No es que consumamos porque pensemos que nos va a ir mejor, sino porque asumimos que, hagamos lo que hagamos, la posibilidad de desastre es alta.

El informe añade que algunos hogares pueden estar siendo "excesivamente optimistas respecto a sus rentas futuras". Es decir, están lanzándose al consumo por encima del ahorro porque consideran que les va a ir bien. Mi lectura es la opuesta: es el pesimismo, y no el optimismo, lo que ha provocado que desde 2014 el consumo crezca más rápido que la renta de los hogares. Una vez el ahorro significativo se ha convertido en una entelequia para muchas familias, y que el refugio habitual para el dinero excedente —la compra de propiedades inmobiliarias— es cada vez más inaccesible, solo queda esa tercera vía que es darse alguna alegría al cuerpo. Si el futuro no existe, que no nos arrebaten el presente. 

"¿Ahorrar? ¿Yo ahorrar? Hay meses que ni diez euros", me confiesa un amigo. Una respuesta algo sorprendente, porque no cobra mal —aunque como la mayoría, tampoco bien— y no es un manirroto. Tampoco es que su vida presente grandes alicientes para ahorrar: como tantos treintañeros, no tiene pareja ni descendencia ni proyecto de ninguna de las dos cosas, así que quizá ahorrar no sea para él más que un brindis al sol, cuando no un triste recordatorio de que no tiene futuro ni se le espera. No al menos como el que imaginaron sus padres para él. 

Si él no ahorra, otros menos. "A cero siempre" es el lema que podría estar grabado en la cuenta corriente de otros compañeros, que recorren cada mes ese alambre entre la estabilidad y la precariedad e invierten lo poco que sobra en pequeños placeres que hagan más tolerable la incertidumbre. Si además te recuerdan continuamente que el consumo es la vitamina D del capitalismo y el banco te pone el dinero en bandeja de plata, ¿para qué más? Los créditos al consumo son como las casas de apuestas con invulnerabilidad diplomática, un vampiro que arrasa los bolsillos más débiles y que, cuando las cosas vienen mal dadas, señalará al más débil. Falta poco para que empiece: la morosidad está aumentando y, con ella, las miradas a los que dijeron "ok" a ese crédito que el banco le vendió con buenas palabras.

Para ahorrar hace falta tener dinero, y no andamos sobrados, pero también tener una razón por la que hacerlo. Un interesante estudio sobre la psicología del ahorro publicado por el profesor de la Universidad de Nueva York Hal E. Hershfield recordaba que para que alguien decidiese reservar una parte de sus ahorros hacía falta que se cumpliesen ciertos requisitos: que en la imagen mental que tenía de su futuro yo este tuviese algún parecido con su yo presente, que esta representación fuese creíble, vívida y, sobre todo, positiva, de manera que uno desease hacer un favor a su yo futuro, aunque eso supusiese un pequeño sacrificio hoy.

Publicado por: Alex el miércoles 05 de junio de 2019



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